Mi gato muestra síntomas de otitis: diagnóstico y tratamiento

La otitis se define como la inflamación del epitelio que recubre el conducto auditivo, algo que puede llegar a afectar también al pabellón auricular. En general, condiciones de temperatura y humedad elevadas favorecen la aparición de este problema, aunque existen otros factores de riesgo. Hay varios tipos de otitis en gatos y soluciones, y hoy hablaremos de ello.

Gato con otitis
Gato con otitis - 123rf

Tipo de otitis que pueden estar afectando a tu felino

El conducto auditivo externo está cubierto por unas glándulas que producen secreción grasa y cerumen. Este canal termina en la membrana timpánica, estructura que comunica con el oído medio, y que está conectada con una cavidad hueca llamada bulla timpánica.

Las otitis pueden ser:

  • Otitis aguda: en ellas se produce un engrosamiento de la epidermis del conducto auditivo y un aumento de las glándulas que generan la secreción grasa. Esto da lugar a una disminución del diámetro del canal auricular. En estos casos, el rápido tratamiento de los síntomas suele ser efectivo.
  • Otitis crónica: una otitis aguda mal curada que se mantiene en el tiempo hará que cronifique el problema. Es posible que el gato necesite un tratamiento más complejo.

Las otitis también se clasifican según las estructuras anatómicas afectadas:

  • Otitis externa: es la más común, afectando a la parte de oído externo y en ocasiones al pabellón auricular.
  • Otitis media: aparecerá cuando una otitis externa no haya sido tratada de forma eficaz. Afecta a la zona de la cavidad timpánica.
  • Otitis interna: de pronóstico complicado. Si un gato sufrió una otitis externa grave o una otitis media aguda o crónica, el problema puede avanzar afectado al oído interno (donde se encuentran los órganos responsables de la audición y del equilibrio). También puede aparecer a consecuencia de un traumatismo.

Factores predisponentes y factores de riesgo

Son muchas las causas de las otitis, aunque los gatos suelen padecer menos este problema que los perros. Entre estas causas, se pueden distinguir una serie de factores predisponentes (que pueden aumentar el riesgo) y unos factores primarios (determinantes de la enfermedad). Todos ellos deberán ser analizados por un veterinario para que lleve a cabo un correcto diagnóstico y tratamiento.

Factores predisponentes

  • Conformación del oído: si tu gato tiene el pelo largo, tendrá más facilidad de padecer otitis porque los pelos entrarán en el conducto favoreciendo la retención de suciedad y humedad. También afectará a gatos que, de forma congénita, tengan el conducto estrecho y pequeño.
  • Excesiva humedad y temperatura: habrá un mayor riesgo de otitis si a tu felino le gusta pasar mucho tiempo al aire libre.
  • Obstrucciones por tumores o pólipos: son comunes los carcinomas de células escamosas en gatos de pelo blanco. En el caso de pólipos, también podrían llegar a afectar a vías respiratorias.
  • Enfermedades sistémicas: cuando tu gato se encuentra débil y tiene las defensas muy bajas (posiblemente, debido a otra enfermedad) tendrá más predisposición a las infecciones de oído.

Factores primarios o determinantes

  • Ectoparásitos (Otodectes cyanotis, Demodex, Sarcoptes...): entre los parásitos externos que pueden producir con más frecuencia la otitis se encuentra el ácaro Otodectes cynotis. Es común en gatos jóvenes junto con el Sarcoptes.
  • Bacterias y hongos (Pasteurella, Staphylococcus, Proteus o Malassezia, entre otros). Aparecen después de bañar al gato sin dejarle totalmente seco. También pueden generarse por la utilización de limpiadores auriculares inadecuados, traumatismos o alergias. Se trata de patógenos oportunistas suelen aprovechar estas ocasiones para producir una otitis secundaria.
  • Cuerpos extraños o traumatismos: sobre todo en felinos que están en exteriores. Y es que, durante sus paseos, pueden introducirse pequeñas hojas, ramas o espigas en el oído. Estos objetos extraños molestarán mucho al gato y acabarán dañando e inflamando el oído dando lugar también a mayor riesgo de infecciones.
  • Atopia y alergias alimentarias o medicamentosas: sobre todo cuando hay un problema previo de dermatitis facial.
  • Hipersensibilidad por contacto y reacción irritante: nunca debes comprar para tu felino ningún producto limpiador ótico que no esté especialmente indicado o pautado por un veterinario.
  • Otras enfermedades: la otitis también puede derivarse de otras enfermedades que ya esté padeciendo el gato como, por ejemplo, enfermedades autoinmunes; Leishmaniasis; o afecciones metabólicas, endocrinas y nutricionales.

¿Qué síntomas aparecen cuando tu gato padece otitis?

Los signos que verás en tu gato variarán dependiendo de la causa de la otitis y de la intensidad del proceso:

  • Pérdida de audición.
  • Sacudidas de cabeza o inclinación de la cabeza.
  • Prurito. Observarás que tu gato se rasca con gran frecuencia una o ambas orejas.
  • Mal olor o agresividad: tu gato podría incluso dejar de comer si se siente muy molesto.
  • Parálisis facial. Esto es un indicativo de que ya hay lesión del oído medio o interno.
  • Descarga auricular, es decir, secreciones que variarán en color (amarronado, purulento, sanguinolento, aceitoso...) según el origen del problema.
  • Zona de orejas enrojecida e hinchada. Se pueden llegar a producir heridas, pérdida del pelo en el área del pabellón, e incluso acumulación de sangre en este, dando lugar al llamado otohematoma.

La visita al veterinario para su diagnóstico y tratamiento

En primer lugar, el veterinario hará una serie de preguntas para realizar una correcta historia clínica y orientar el diagnóstico.

Llevará a cabo la exploración del gato realizando un examen tanto del pabellón auricular como de la zona interna del oído. Además de utilizar el otoscopio, hará una exploración general para descartar cualquier enfermedad sistémica.

En función del historial y lo que el veterinario haya observado, será necesario realizar pruebas complementarias, como una citología, un cultivo bacteriano o una biopsia.

Normalmente, para completar la exploración externa, será suficiente ofrecer tu ayuda al veterinario. Solo en algunos casos será necesaria la sedación o anestesia.

¿Cómo será el tratamiento de la otitis?

El veterinario se asegurará de encontrar la causa de la otitis para poder aplicar el tratamiento adecuado:

  • Limpieza del canal auricular: sin esta limpieza, no será posible observar el canal auricular y retirar, por ejemplo, un cuerpo extraño. La limpieza también retirará restos celulares y orgánicos que facilitarán la posterior penetración del producto que se va a utilizar para el tratamiento. Antes de terminar, el veterinario te indicará cuántas veces se deberán realizar estos lavados en casa.
  • Aplicación de medicamentos tópicos: generalmente, estos son la base del tratamiento de las otitis externas. El veterinario te dará o recetará productos y preparaciones orientadas a disminuir la inflamación y eliminar los posibles microorganismos. La mayor parte de ellos constan de una asociación de glucocorticoides, antibióticos, antifúngicos y antiparasitarios.
  • Tratamiento sistémico: como corticoides, antibióticos y antifúngicos orales o inyectados indicados por el veterinario. Estos se reservan para casos graves de otitis externas y complicaciones por otitis medias o internas.

En caso de que todo lo anterior no surta efecto, el veterinario podría decidirse por un tratamiento quirúrgico, por ejemplo, una miringotomía. Este tratamiento se suele realizar también en niños pequeños y consiste en la colocación de tubos de drenaje para la eliminación de pus o sangre.

 

Será de vital importancia que realices el tratamiento pautado en casa, además de llevar a tu gatito a las revisiones veterinarias que sean necesarias. De lo contrario, el problema tardará mucho tiempo en curar, lo que podría empeorar el pronóstico.

Consejo:

Puedes ayudar a reducir el riesgo de que tu gato padezca estos problemas de otitis manteniendo una buena limpieza del pelaje, controlando que sus oídos queden secos tras el baño, utilizando productos limpiadores auriculares adecuados y realizando visitas periódicas al veterinario.

 

Sobre el autor

Vanessa Galán
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